
¿Cómo empiezo? ¿Cómo acabo? Ningún principio, ni final alguno, te harán justicia, tío, ninguno se acercarán lo suficiente a lo que siento por tí, ninguno rozará la superficie de ese nudo invisible que siempre me ató a tí.
Miles de recuerdos, desde las navidades en Alcorcón, cuando dormíamos juntos y yo te molía a patadas, esos despertares con la ilusión de saberte ahí, siempre sonriendo, siempre con esa voz que no conseguías nunca modular, esos viajes a las imprentas y a los aeropuertos, para enseñarme eso que tú y yo tanto amamos, tío, si, nuestros aviones, sólo nuestros, nuestro sueño común, en ambos casos incumplido... Creo que los dos deberíamos haber nacido con alas, ¿sabes? creo que la naturaleza, y este mundo, nunca conseguirán entendernos...
No tuviste una vida fácil, tío, lo se, tu infancia transcurrió entre guerra y hambre, exilio y tristeza, y sin embargo, nada consiguió nunca hacer mella en ese corazón infantil que tanto brilló hasta el último día. El resto de tu vida no fue mucho mejor, tomaste decisiones y te equivocaste como el ser muy humano, tal vez demasiado, que fuiste... y esas decisiones te impidieron despegar y volar más alto, pero aún así, era imposible no captar esa luz mágica que siempre desprendiste, se puede intentar tapar una estrella, pero su luz es demasiado potente para no dejar que se escape por cualquier rendija.
Siempre tuve la sensación de que me faltó tiempo para pasar contigo, tío, en mucha parte por mi propia culpa, siempre pensé que algún día, tío, tu y yo tendríamos una conversación muy tranquila, durante horas... quien sabe, tío, quizás algún día, ¿verdad? Lo siento, mi corazón no está preparado para entender que nunca más volvamos a cruzarnos en algún camino.
Cada una de las lágrimas que derramo mientras escribo esto darán fe del vacío que has dejado, tío, nunca nadie podrá ocupar ese lugar, nadie con tu humanidad, nadie con tu corazón, nadie con esa bondad innata. Estoy dolido contigo, tío, me has dejado solo, y te quiero demasiado... Nos faltó tiempo, tío...
La tuya es una de esas vidas que quedará en el recuerdo de todos durante muchas generaciones, fuieste una grandísima persona por encima de todo, tu carisma perdurará, porque todos transimitiremos a nuestros hijos y nietos que conocimos a una persona muy especial, de las que aparecen en nuestras vidas sólo una vez, y les aportan luz.
Eramos piedras, tío, y tu luz nos hizo estrellas...
Siempre te adoraré y donde quiera que estés, espero poder volver a abrazarte.
