El pasado, siempre ahí, anclado en viejas fotos, páginas de libros, canciones, imágenes, películas, lugares, sentimientos, caras...
Esa fotografía que es el pasado, y que a veces intentamos revivir, golpeando su pecho con fuerza como el de un muerto, uno que no asumimos que hace tiempo que se fue. Esa fotografía en la que todo permanece inmóvil, carente de toda vida o movimiento, que nos sirve pare rememorar momentos, sentimientos y sensaciones, tan insatisfactoria como un solo trago de agua en el desierto, dejándonos los labios mojados y un ansia aún mayor que antes de beberlo, insatisfechos y tristes, por lo que creemos haber perdido. Todo se pierde en el momento, no se va perdiendo a medida que se contemplan las fotografías, toda la imitación de vida que supone revivir esas fotografías para no verle la cara al presente y al futuro, para terminar siempre con el metiroso sentimiento de que todo tiempo pasado fue mejor, es tiempo perdido.
El pasado solo sirve para aprender, especialmente de todo lo malo que nos hemos hecho a nosotros y a los demás, nos sirve para nunca perder las perspectiva de lo que somos y lo que fuimos, para seguir siendo el mismo actor a medida que van cambiado los escenarios y los compañeros de reparto, para interpretar nuevos papeles, pero siempre desde nuestra esencia, tamizándolos a través de nuestra alma, la que debe ser única, la que nos debe hablar con voz profunda desde muy muy dentro.
He sufrido mucho, y sigo sufriendo, en virtud de todos mis pasados, he intentado sacar de ese abismo a las personas que más quiero, intentando hacerlas ver que están perdiendo un tiempo precioso de sus vidas contemplando una y otra vez esas fotografías, esas imágenes yertas y estériles, crueles a veces, y engañosas siempre.
No pienso pasarme la vida viendo esas fotografías, no pienso sucumbir a la enorme mentira, no pienso olvidar todo el dolor que hay en mi pasado y que esas fotografías me intentan ocultar, no pienso derrochar mi vida en lágrimas por momentos ya vividos, y que nunca volverán a vivirse.
La vida se vive en el momento... o no se vive, esos cartuchos ya están utilizados, muchos de ellos malgastados, si, pero utilizados al fin, para bien o para mal. Yo ansío nuevos cartuchos que quemar, nuevos retos que afrontar, nuevas dificultades, nuevas ilusiones y alegrías, nuevas esperanzas, nuevas decepciones, nuevo dolor y padecimiento, nueva angustia, lo quiero todo, porque, sobre todo, quiero vivir, no quiero que la mía sea una imitación de la vida.
¿Cómo conseguirlo? no tengo fórmulas ni métodos, nunca he sido ni seré metódico, pero tengo mi voluntad y mi intuición, siempre he confiado en ellas, y siempre, mejor o peor, me han sacado de cada uno de los hoyos en los que me he metido.
Todo lo que más feliz me ha hecho es lo que más dolor me ha causado, lo que me ha destrozado completamente y sin piedad, podría hablar de mil malos recuerdos, pero ¿para qué? tampoco hablaré de los buenos, unos y otros son...eso, recuerdos.
Un futuro diferente empieza cada día, un nuevo camino que tomar, y que nunca se sabe dónde nos conducirá, la vida es para el que la devora a bocados, los cobardes y los cómodos siempre tendrán esa mediocre comodidad en la que creen ser felices.
Quiero vivir, y eso no se hace en fotografías, quiero disfrutar, sufrir, alegrarme y llorar, ver crecer las flores que tengo cerca, y las que no lo están tanto.
Al final, y para caer en mi propia trampa, diré que quiero crear miles de fotografías más, pero en la mayor parte de ellas quiero estar delante del objetivo...
VIDEO: http://es.youtube.com/watch?v=CEhT2QlRBMo
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