
Ayer la vi por segunda vez, y si la primera ya me impresionó muchísimo, esta segunda casi tanto o más. Me doy cuenta de que estamos ante la que será una de las mejores películas de esta década.
Sin ni siquiera mencionar que la dirección es espectacular, impecable, innovadora, y que hace sentir cosas al alcance de muy pocos directores tan sólo con imágenes, el argumento es tan dolorosamente real y cercano a este mundo que nos toca vivir, que sobrecoge al percibir que la historia no pertenece a la ficción, sino a una evolución lógica de la sociedad y el mundo tal como se encuentra hoy en día, a lo que irrevocablemente nos dirigimos, cuesta abajo y sin frenos posible, a estas alturas.
La falta de respeto al ser humano, la agresividad, la desconfianza, el odio, la tristeza que viste cada escenario, la ausencia total de principios, y la desesperación que se plasma en la falta de la voz de un solo niño que aporte luz y esperanza.
Nos estamos quedando sin niños, y eso en la película es una metáfora, en la realidad ni siquiera los de 10 años lo son ya, cada vez perdemos antes la inocencia, cada vez nos hacemos antes viejos, cada vez nos alejamos más del que tenemos al lado en el autobús, de nuestro vecino, del conductor que se para junto a nosotros en el semáforo.
Me siento muy identificado con el personaje, sin saber qué hacer, perdido, triste y nihilista en un mundo que necesita todo lo contrario, corazones grandes y almas fuertes, no puras, sino fuertes...
La dirección está tomada, y todos seguimos esperando a ese algo o alguien que de un volantazo y nos saque de este camino a la despesperación más absoluta, nuestro futuro.
¿Qué ha sido de los idealistas?
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