martes, 11 de marzo de 2008

Siempre amanece...


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Amanece. Los primeros rayos se hacen astillas en las ventanas, en las superficies iridiscentes.

Las bocas entreabiertas buscan aire, o una taza de café, o el beso de despedida.

Las sábanas arrojan cuerpos al exilio. Los desagües de las duchas se deshacen de las pruebas concluyentes de encuentros y desencuentros nocturnos.

En su propensión al movimiento, el mundo gira su torso desplazando a los bípedos humanos en todas direcciones.

La ciudad se arquea disponiendo sus articulaciones.

Las masas fluyen inconexas, las caras se desdibujan en sus primeros gestos, las palabras van de unos a otros para recuperar la organización del hormiguero; y yo, desde mi tumba de hierro, los contemplo gravitando a treinta metros sobre sus cabezas, volando como un satélite que cartografía sus primeras emociones.

Las mías, las de mis seres queridos que me lloran al otro lado de la puerta esperando el trámite de mi autopsia.

Aún no sé que ha sucedido. Aún albergo la esperanza de que todo esto sean imágenes de una de mis pesadillas.

Me dejé por decir que te quiero, aunque te contarán que, intentar escribírtelo en el parabrisas, debió ser lo último que hice.

Les oigo dolerse de que aún era joven, que tenía toda la vida por delante, enumerando las razones por las que lo sucedido es una injusticia, cansando a los dioses con reproches.

La verdad es que mi vida se salió por una curva hacia el vacío hace mucho tiempo.

Intenté dejártelo escrito con la tinta roja que me manchaba.

El último acto lleno de dramatismo, resumir en unas líneas mal compuestas las palabras suficientes, como si fuera un náufrago escribiendo en la arena con letras muy grandes para que pudieses encontrarme, tú, que siempre has volado, que apenas tocabas la tierra, y yo, que a duras penas me movía a ras del suelo.

Vi una vez, en la tele, que las ballenas varaban porque confundían su destino. Creo que era así.

Cuando iban del sur al norte. Se esforzaban en devolverlas al mar a que siguieran su camino, pero era imposible. Morían por su propio peso.

Las arrastraban, las despedazaban, como está ahora haciendo conmigo el forense buscando en mi interior las razones de mi muerte, cuando todos a mi alrededor lo saben ya, por anticipado, antes incluso de que sucediese.

Desde aquí, tumbado, no lo veo, pero si me pongo de pie, sí. El sol ya ha salido del todo.

Jose dijo...

Me ha impresionado mucho, de las mejores descripciones de un amanecer que he leído nunca, auqnue me ha inquietado y me ha creado un desazón la última parte y no saber qué le pasa al personaje ¿te importaría decirme a que libro pertenece?.
Muchas gracias por enriquecer mi blog.

Anónimo dijo...

Creo que de momento no lo encontrarás en ningún libro.

Es un relato de alguien que conozco.

Ah, y termina ahí donde yo lo he terminado.

Jose dijo...

Si es de Daniel, desde luego, en mi opinión, tiene mucho talento, dado que tampoco me lo dices, supongo que no tienes mucho interés en que lo sepa. De cualquier forma, me ha impresionado, debe ser que como cada vez leo menos, la literatura me admira mucho más.

Gata Paciente dijo...

Pues no, no es de Dani, no es de nadie que conozcas...Te lo hubiera dicho, claro.